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Deserción escolar: una realidad a enfrentar más allá de la pandemia

La noticia que compartimos esta semana fue publicada por el diario de la Universidad de Chile, en la que se profundiza en las consecuencias que se proyectan respecto del aumento de la deserción escolar. Por deserción escolar, abandono escolar o abandono escolar prematuro se entiende el alejamiento del sistema educativo formal, antes de haber conseguido el título final correspondiente a la finalización de sus estudios. Este fenómeno se da tanto en países del mundo industrializado como en aquellos pertenecientes al llamado Tercer mundo. La diferencia es que en el primer caso suele ocurrir en los procesos de educación terciaria o post-secundaria, mientras que, en el segundo, a todo lo largo de la cadena escolar: primaria, secundaria y terciaria. Debido a sus importantes consecuencias en el desarrollo cultural y profesional de la comunidad, existen numerosas iniciativas locales, regionales e internacionales dedicadas a combatirlo.

La deserción escolar no tiene una causa sencilla ni única, sino que se debe a diversos factores, tanto condicionantes, que facilitan o complican el estudio, como determinantes, que impiden o permiten de plano el estudio. En ambos casos, se trata generalmente de un conjunto de causas sociales, culturales y económicas que confluyen para que los estudiantes abandonen la escuela y se dediquen a otra cosa. La deserción no se da simplemente porque las personas no quieren estudiar, sino que es un fenómeno complejo que delata otras razones más profundas en la sociedad.

La deserción escolar empobrece la cultura y el nivel educativo de la sociedad, haciéndola más vulnerable de muchas formas. Esto se debe a que el aparato educativo formal es mucho más que simplemente una forma de incorporar al alumno conocimientos prácticos o utilizables. Al abandonar la educación formal, el alumno pierde también la oportunidad de aprovechar lo que el sistema ofrece como proceso de socialización temprano, de educación en los valores cívicos, morales, democráticos, que luego el individuo pondrá en práctica durante la adultez, a la hora de vincularse con los demás. A esto se suma la interrupción del proceso educativo profesional, lo cual trunca las posibilidades de superación del individuo, obligándolo a vivir del ejercicio de labores menos rentables, más sacrificadas o incluso ilegales, ya que carece de herramientas más complejas para ser útil a la sociedad de otros modos.

Trabajar con metas de largo plazo

Si bien la distancia ha sido un elemento de suma dificultad para las comunidades educativas y la mantención de relaciones con los estudiantes, la construcción de vínculos y la solución de problemas para enfrentar la exclusión escolar debe ir más allá de solo pensar en este 2020.

Aunque la pandemia ha sido un problema adicional, lo cierto es que año a año – por diversos factores – cientos de niños, niñas y adolescentes abandonan su educación, por lo tanto, los desafíos en esta materia deben ser abordados con una mirada de largo plazo para que el tema no sea olvidado cuando los estudiantes regresen a clases y la pandemia sea controlada en nuestro país.

En entrevista con Radio Universidad de Chile, Liliana Cortés, directora Ejecutiva de Fundación Súmate del Hogar de Cristo, hizo hincapié en esta visión. Cortés planteó como primer punto la importancia de recordar que esta es una realidad que existe desde mucho antes que el COVID-19.

Por otra parte, respecto de los elementos que fundamentalmente van mostrando que un estudiante es propenso a abandonar la escuela – más allá de si existe o no suspensión de clases- la directora de Fundación Súmate señaló que “el rezago escolar, más el ausentismo crónico, más bajo rendimiento, se configuran como una tormenta perfecta para que ese niño termine fuera. Si bien hay elementos económicos o familiares, si la escuela le ofrece oportunidades a este niño y su familia para que siga su trayectoria educativa, en general la van a tomar”.

En esa línea, destacó que la atención y observación de los estudiantes es clave, dado que muchas veces las vistas generales que se hacen en las escuelas impiden detectar a tiempo a quienes se están viendo excluidos del sistema escolar: “Las escuelas tienden en general a ver mucho a los niños que están adentro y no los que se les están cayendo como decimos nosotros, entonces ahí hay un fenómeno de invisibilidad”.

Respecto del abordaje de este tipo de situaciones, Cortés dijo que, si bien las alternativas a aplicar pueden ser muchas, lo importante es demostrar flexibilidad para conversar y atraer a quienes se están alejando de su educación formal.

“Como tienes un grupo de niños complejos que no ha respondido, lo tienes medio perdido, no respondió durante el año, no puedes entregarle el mismo traje que ya no le cupo, si por algo no ha respondido en todo el año. Con mucha flexibilidad hay que ofrecer estrategias que no tienen que ver con cumplir el año escolar, sino que con cumplir la promesa que ese colegio le hizo a ese niño. Si es un colegio de octavo y hablamos de un niño que está en quinto, ese niño se inscribió para salir de octavo, entonces hay que tener mucha flexibilidad y mucho horizonte”.

A ello, la directora ejecutiva de Fundación Súmate agregó respecto de los desafíos que se generan en torno de la deserción escolar, más allá de si las clases regresan o no a la presencialidad, que en su opinión existen tres retos.

“El primer desafío tiene que ver con un relato de un horizonte a largo plazo, este año escolar no está perdido, es distinto de otros aprendizajes, queremos que los niños se queden y continúen sus trayectorias educativas en su futuro. Salvo los estudiantes de cuarto medio, todos los otros niños deben continuar. Hay un relato importante en términos de que no es lo que estamos perdiendo, sino lo que tenemos que seguir construyendo a futuro, cómo logramos que todos los niños vuelvan en marzo y todos los niños continúen su trayectoria”, expresó.

A esto, Cortés añade que existen otros dos desafíos: continuar aplicando las herramientas que se han forjado durante este año especialmente en materia tecnológica y de contenido a distancia y, por otro, avanzar en conectividad para todos y todas las estudiantes.

Ver la realidad, saldar deudas

Desde Educación 2020, su directora ejecutiva Alejandra Arratia hace el mismo diagnóstico respecto de cómo los diversos problemas que generalmente van llevando a la exclusión escolar se han visto acrecentados durante los últimos meses dada las dificultades educativas que ha plasmado la pandemia.

“Los niños y las niñas (con riesgo de exclusión) no tienen motivación, no tienen certeza de que su trayectoria importa, de que hay alguien que tiene un vínculo con ellos y que, por lo tanto, lo que pase con ellos sí importa y es importante verlo desde esa perspectiva. En este año eso se ha visto exacerbado, sin duda, como muchas de las otras variables en educación en un país con problemas de equidad tan grandes como el nuestro, porque tenemos niños con los que ha sido difícil poder mantener el vínculo y eso aumenta los riesgos de exclusión educativa”.

Ante este panorama, consultada por las deudas que todavía mantiene el Estado para enfrentar este problema más allá de la suspensión de clases, Alejandra Arratia comentó que estos pendientes están presentes desde diferentes áreas.

Una de ellas es la pedagógica, desde donde hace falta repensar las consecuencias que tiene el uso de la repitencia: “Esto en general no tiene muchos efectos positivos sobre la trayectoria de los estudiantes y en Chile tenemos un decreto nuevo, que empezó a regir este año, que hace que la repitencia sea una estrategia más bien excepcional, pero hemos tenido números importantes de repitencia, muchos niños repiten cada año y se tiende a creer que la estrategia es solo que repitan, cuando generalmente eso genera más exclusión”.

Otra deuda mencionada por la directora ejecutiva de Educación 2020 es la observación de los estudiantes como individuos y no como un colectivo. Según explicó Arratia la aplicación del financiamiento a través, por ejemplo, de los sistemas de promedio asistencia, no contribuyen a observar las realidades individuales de los establecimientos educacionales.

“Pueden ser distintos niños siempre o los mismos y al mirar el promedio no hay una mirada de ‘no queremos a ningún niño excluido de la escuela’. Y ahí es muy importante cómo miramos un poco más el uno a uno”, agregó.

A esto se suma también la necesidad de flexibilizar la conversación dentro de los centros educacionales respecto a la deserción escolar para generar mejores mecanismos de contención, formación, pero también de reingreso para quienes quieren volver a su trayectoria educativa.

Finalmente, sobre el abordaje generado este 2020, Alejandra Arratia comentó que, si bien ha sido un tema presente y que se ha trabajado por parte del Ministerio de Educación, es necesario ampliar la visión y pensar que la retención estudiantil hay que hacerla en todos los escenarios, ya sea a distancia o presencial, este 2020 o el próximo 2021.

“Ha faltado una visión más global respecto a cómo generamos condiciones como país para que todos los niños y niñas, ya sea en clases presenciales o a distancia, puedan sostener trayectorias de aprendizaje. Probablemente no solo este año, sino probablemente todo el 2021 vamos a tener que estar en un sistema un poco distinto, con turnos para ir a la escuela, con horarios diferidos. Hasta que haya una vacuna probablemente vamos a tener un sistema bastante distinto”.

Al respecto, Alejandra Arratia concluyó: “Es bueno asumir que esto cambió y cambió por un tiempo largo, no vamos a volver a lo mismo y la pregunta más bien es cómo generamos mejores condiciones para que en todas las escuelas los niños y niñas puedan sentir que su aprendizaje sí es importante, y así no aumentemos el riesgo de la exclusión y de la posterior deserción”.

Bustos, Andrea (2020) Deserción escolar: una realidad a enfrentar más allá de la pandemia. DiarioUChile. Sección Educación. Chile. Recuperado de radio.uchile

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