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El lenguaje que nos identifica ¿Cuándo comenzamos a conformar nuestra identidad?

“Durante el primer año de nuestra  vida, empezamos a conformar nuestra identidad como integrantes de una familia inserta en  una comunidad de cultura y lenguaje. Desde ese momento estamos aprendiendo a ser nosotros mismos. Esta tarea continúa durante toda la vida. Aunque seamos muy chicos, percibimos mensajes de la sociedad que valora o desvalora cómo somos. Nuestra familia y la comunidad pueden reforzar o debilitar esta idea. Las dinámicas de poder también tienen sus influencias sobre nosotros.”

  1. Escrito por: Mabel Pruvost de KappesTécnica Superior en Gestión y Administración de la Cultura, egresada de la Universidad Nacional del Litoral. (Argentina).

Si hablamos de identidad pensamos en quiénes somos, cómo nos ven los demás y cómo nos vemos a nosotros mismos. La identidad nos define tanto como individuos cuanto como grupo al que pertenecemos.

La identidad de un individuo humano incluye género, raza, grupo étnico, clase, cultura, lengua, edad, sexo, entre otras referencias. Todas se combinan para definir un ser único. Pero, asimismo, compartimos algunas como miembros de una comunidad.

El lenguaje es factor de identidad, que nos une al pasado y proyecta al futuro. Además, es un vínculo de símbolos que aglutina  a la comunidad que comparte el mismo código. No sólo es un método de comunicación, lo trasciende porque es una institución social, lazo incuestionable que nos une al pasado, que lo mantiene gravitando sobre nuestra actualidad, que aglutina y es un motor de identificación. Watkins ha dicho que “our ancestors, in a real cultural sense, are our linguistic ancestors.”

Desde un punto de vista científico, a partir de Ferdinand de Saussure se entiende por lengua el sistema de signos orales y escritos del que disponen los miembros de una comunidad para realizar los actos lingüísticos cuando hablan y escriben. La lengua es un inventario que los hablantes no pueden modificar, sólo emplearlo a través del habla, es decir, el conjunto de emisiones que los hablantes producen gracias al inventario del que disponen. Este concepto fue ligeramente modificado por Noam Chomsky, que entiende la lengua como el sistema interiorizado que poseen los hablantes, capaz de generar sus realizaciones lingüísticas. El hablante las evalúa gracias a la competencia, o sea, el dominio inconsciente que tiene de su lengua.

De ninguna manera podemos considerar al lenguaje como algo acabado, inmodificable, terminado, invariable. Debemos sentirnos promotores y formadores del lenguaje, en cuanto somos integrantes de la comunidad hablante. Decía Borges: “El lenguaje no lo hace la Academia, ni el Poder, ni la Iglesia, ni los escritores. El lenguaje lo hacen los cazadores, los pescadores, los obrajeros, los campesinos, los caballeros y los tipos sinceros. Hay que acudir a las bases, donde se forma la lengua”. Hablar claro y en buen idioma nos da la identidad.

Surge ahora la pregunta central de nuestro trabajo:

¿Qué hemos perdido y qué hemos ganado en cuanto a nuestra identidad a través del lenguaje en esta era postmoderna?

  •   La postmodernidad se abre a la multiplicación de las identidades, el individuo se articula día a día en respuesta a una diversidad de identidades que lo interpelan: 1) identidades de género y sexo. (De hecho, como se puede observar en la moda juvenil, nos dirigimos hacia una sociedad andrógina donde los hombres imitan cada vez más a las mujeres y las mujeres imitan a los hombres.)  2)  identidades étnicas y raciales (las que si bien en algunos puntos geográficos se diferencian claramente, en otros tienden a diluirse por las innumerables migraciones y mestizajes.  3) identidades generacionales y de roles familiares  4) identidades adscritas a estilos de vida y actividades de ocio y creatividad. 5) identidades relacionadas con preferencias profesionales  6) identidades espirituales o religiosas 7) identidades nacionales 8) Identidades lingüísticas.
    Tal como decíamos, todas tienden a diluir sus fronteras. En el caso de la lengua la globalización acentuada por la red de Internet, hace que el bilingüismo distinga gran parte de los países desarrollados. En este sentido hemos ganado en cuanto a la incorporación de términos, conceptos, usos adquiridos. Hemos perdido en cuanto a la desvalorización de la propia lengua frente al inglés y la preeminencia de esa lengua en gran parte de sitios y páginas más visitadas de la red.
  • Nos hemos distanciado de nuestras raíces. Vemos cómo cada día se agrandan las distancias generacionales. Los abuelos no se ocupan como antes de culturizar a sus nietos a través de relatos familiares, folclóricos, tradicionales. Son escasos los hogares en los que se transmiten las costumbres, afectados también por los nuevos modelos de familias en los que las relaciones adquieren complicadas estructuras por la formación de sucesivas parejas por parte de los progenitores y la pérdida de los valores tradicionales. Asistimos a una aculturación forzada por los medios de comunicación, en la que nuestros hijos aprenden términos de uso común en otras latitudes ignorando las equivalencias idiomáticas de nuestro país.La pauperización de las ideas. El lenguaje se construye y articula a partir del pensamiento.  Cuanto más pobre sea el desarrollo del pensamiento, tanto más pequeño será el caudal de ideas y vocablos que expresen esas ideas. Vemos cómo el abuso de determinados medios de comunicación (léase televisión) por parte de las jóvenes generaciones, la falta de lectura que amplíe su acervo cultural, estimule su razonamiento y su imaginación, acentuado por el uso cada vez más limitado de vocablos (los expertos estiman que los jóvenes no utilizan en su diálogo cotidiano más de doscientos términos) despiertan la alarma de todos los que nos preocupamos por el futuro del lenguaje.
  • La globalización económica y política compromete la identidad lingüística en tanto y en cuanto compromete la utilización de terminología foránea que termina imponiéndose por el uso intensivo en los medios de comunicación y en general en las comunidades afectadas. La adopción de un nuevo lenguaje afecta la concepción del mundo, porque instaura el pensamiento que sustenta esa terminología.
  • El lenguaje del chat y los mensajes de texto. Ya son sólo un recuerdo las largas cartas que escribían nuestros abuelos para comunicarse con la familia y los amigos distantes. Hoy todo exige velocidad. A la facilidad con que nuestros jóvenes entablan relaciones con sus similares de todo el mundo, se opone la poda y deformación del lenguaje que se asemeja a una jerga jeroglífica. En lo inmediato, lo más perjudicial para los propios jóvenes es que trasladan esta forma de comunicarse a todos los ámbitos, inclusive en la escuela, provocando conflictos con los docentes y deteriorando su comunicación con el resto de la comunidad, que no comprende esos códigos.
  • El lenguaje en tanto instrumento, tiende a ser correlato de la existencia. Por este motivo es lógico que caigan en desuso palabras, frases, modismos, que pierden actualidad (ya nadie habla de linotipo cuando toda la composición gráfica se realiza por computadora, por ejemplo). Del mismo modo, es lógico que gradualmente se incorporen tecnicismos y vocablos apropiados. No se justifican cuando existe el correlato en el lenguaje propio. Aunque a veces, es muy difícil su uso. Volviendo al ejemplo de internet, es más raro escuchar correo electrónico que mail.
  • Tal vez los puristas nos puedan susurrar que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Mas no podemos detenernos en esta consideración nostálgica pero incompleta. Cualquier tiempo pasado fue muy bueno, excelente, irrepetible,…. En el pasado hubo hombres que, en cada siglo, posibilitaron respuestas a su mundo.  “Encontrar buques naufragados desde los que extraer tesoros que nos hagan emerger y sumergirnos una y otra vez.” Si nos quedamos en esas experiencias, corremos el riesgo de quedar incomunicados por falta de elementos que permitan el intercambio con nuestros contemporáneos.
  • Hoy es muy difícil establecer fronteras lingüísticas. Ya es complicado establecer los límites territoriales, que en algunos casos son más virtuales que geográficos, por lo tanto se vuelve una utopía intentar definir una línea  taxativa entre lenguajes que se encuentran en continuo intercambio, enriquecimiento mutuo, interacción. Muchos caracterizan esta época como de bilingüismo. Algo que, si se quiere, no es nuevo, ya que si nos fijamos, por ejemplo, en la historia de Europa y sus múltiples alternativas históricas y geográficas caracterizadas por invasiones, dominaciones, conquistas y derrotas, debemos resumir que el bilingüismo y el sincretismo, no son solamente  fenómenos característicos de nuestra época, sino que tienen antecedentes remotos.
  • La lengua de Cervantes, oficial en más de 20 países, es el idioma materno de unos 400 millones de personas, y otros 100 millones lo hablan como segunda lengua, de acuerdo a una investigación realizada por la Universidad de México. A los fines de la comunicación internacional, el español es el segundo idioma del mundo después del inglés. Pero en cantidad de hablantes se ubica cuarto después del mandarín (que hablan 1.000 millones de personas en China), el inglés (500 millones), y el hindi (480 millones de hindúes). Hoy, muchos eligen al idioma español como segundo idioma, e inclusive está de moda aprenderlo en la Argentina por las ventajas económicas (favorecidos por el cambio) y la calidad de enseñanza es similar a la brindada en España. Mantener y aumentar el número de hablantes, sin embargo, no es suficiente para asegurar la conservación de la identidad cultural de la cual la lengua es portadora.
  • La publicidad, es un modelo de pensamiento que se transmite junto con la lengua dominante. Un modelo de valores que no necesariamente corresponde con nuestras formas de percibir el mundo, el ser humano, la vida. Pero que se va instalando paulatina e inconscientemente en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al fin y al cabo, ése es el objetivo principal de toda propaganda, persuadirnos de que el modelo ofrecido es el mejor. El lenguaje de la publicidad es importado: se escribe en español (o en cualquier otro idioma), pero el mensaje es una copia del modelo original tanto en su sentido, como en sus valores y en su concepción del mundo. Como lo expresa Joan Costa Solá-Segalés, en una ponencia presentada ante el último Congreso de la Lengua en Valladolid: “La lengua española sirve, pues, de vehículo a esta colonización cultural y económica en la misma medida que depende de ella, la imita y la difunde. Una cerveza, un electrodoméstico, un refresco o un yogur españoles, usan el lenguaje hablado, el de las imágenes y el sonido, que imita – si no reproduce literalmente – la música y las canciones norteamericanas”.

Preservar nuestra lengua es preservar la libertad de pensamiento, una particular manera de ver la vida, una identidad cultural que trasciende lo lingüístico y abarca los más variados aspectos. No debemos caer en el purismo a ultranza, que nos aísle perjudicando el intercambio en diversos órdenes de la vida, pero tampoco en la molicie, que termine por borrar las huellas del español, el lenguaje que heredamos de la madre patria que nos une e identifica con los pueblos hermanos, en valores compartidos, en comunidad de origen, de vida, de desarrollo y de objetivos.

Fuente:
• https://www.educar.org

Sobre la autora:
Mabel Pruvost de Kappes: La autora es Técnica Superior en Gestión y Administración de la Cultura, egresada de la Universidad Nacional del Litoral. Coordina talleres literarios (de lectura y de creatividad) hace 10 años, en Esperanza y otras localidades santafesinas (Santa Fe, Emilia, Franck, Providencia), para niños, jóvenes, adultos y adultos mayores. Ha sido jurado de concursos literarios para distintos niveles y diversos géneros. Es fundadora y fue presidenta durante 10 años del Movimiento Esperancino por las Letras, entidad destinada a la promoción de la actividad literaria. Periodista desde hace 25 años en medios orales y escritos. Ha publicado en antologías, diversas revistas y periódicos. Ha recibido premios nacionales e internacionales en poesía, ensayo, cuento y artículos periodísticos.
mabelpruvost@ciudad.com.ar.

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