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La evaluación como sinónimo de calificación. Implicaciones y efectos en la educación y en la formación del profesorado

26 Abril, 2020

El siguiente artículo resulta ser un recurso dado que constituye un insumo para la reflexión pedagógica en tanto ofrece un análisis de la problemática que se genera habitualmente en la práctica educativa cuando se identifica evaluación con calificación, utilizando ambos términos como sinónimos. Los efectos de aquello son múltiples, siendo algunos ejemplos: una menor calidad educativa, peores aprendizajes en el alumnado, un incremento de la mercantilización y el credencialismo y una considerable desprofesionalización docente. En el texto se revisan algunas de las críticas que pueden hacerse desde el mundo educativo a los modelos tradicionales de evaluación, formulándolas como argumentos para superar dichas prácticas, que son contradictorias con los paradigmas que sustentan los modelos educativos actuales.

El principal problema de la evaluación es que no se la interpreta como tal, sino como "calificación" o cualquiera de los diferentes términos integrados en su campo semántico: nota, examen, prueba, test, control, entre otros. Lo verdaderamente grave no es lo generalizada que está dicha confusión terminológica, sino el hecho de que las prácticas evaluativas han desaparecido bajo la preeminencia y dominio de las prácticas calificativas. Al final lo que cuenta es la evaluación sumativa y acreditadora. Sólo cuenta, sólo queda, sólo  interesa realmente, la nota. Cuando todos los objetivos, instrumentos, técnicas y procesos evaluativos van dirigidos de una forma casi exclusiva hacia la calificación, algo muy grave está sucediendo en el sistema educativo y con los principales protagonistas del mismo: estudiantes y profesores. Una razón que ha de tenerse muy en cuenta para entender y transformar esta concepción de la evaluación como calificación, es la de la fuerza de la costumbre. Tradicionalmente se viene utilizado la evaluación en educación casi exclusivamente para dar calificaciones sobre el rendimiento escolar, con claras funciones de jerarquización y clasificación. A partir de esta interpretación de la evaluación, tan parcial y reduccionista, se crea un Currículum Oculto que influye poderosamente en la vida del aula, puesto que la evaluación (calificación) se manifiesta como creadora del ambiente escolar.

Otra de las razones importantes del mantenimiento de dicha tradición, es que tras estos usos se ocultan también las funciones de la calificación como instrumento de poder y de control del profesor en el aula. Este carácter evaluador-calificador del contexto escolar, define el significado de los acontecimientos en el aula y condiciona los comportamientos de alumnado y profesorado. Se origina una "cultura del examen", en la que la evaluación se convierte en un intercambio formalizado de actuaciones o adquisiciones por calificaciones, que tiene lugar periódicamente. Dichos procesos producen una grave distorsión educativa, puesto que los contenidos y experiencias de aprendizaje se convierten en simples mercancías o valores de cambio, que permiten su transacción por calificaciones. Es el desarrollo y predominio de la MERITOCRACIA y el CREDENCIALISMO, de la comprensión de la educación como mercancía a "comprar" y "vender", y de la ética escolar que generan los planteamientos neoliberales de la meritocracia, desde los que se entiende la calificación académica como logros individuales y como competición en una carrera por los mejores puestos.

López Pastor, Víctor Manuel (2005). La evaluación como sinónimo de calificación. Implicaciones y efectos en la Educación y en la Formación del Profesorado. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 8(4), 1-7. Recuperado de redalyc.org

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