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Sociedad, familia y escuela.

“La sociedad ha sufrido una evolución en los últimos tiempos que ha repercutido de forma directa en la familia y la escuela. Tanto es así que uno de los temas más destacados respecto a la educación en estos días es la colaboración de ambas y su necesidad.”

Sociedad, familia y escuela.

Escrito por: Elena Sánchez Fernández.

Con la incorporación de la mujer al mundo laboral y otros cambios de diversa índole, sobre todo política y económica, el rol de la familia ha ido evolucionando. ésta ha pasado de ser la encargada única y exclusiva de la formación de los hijos, a delegar en la escuela parte de esta tarea.

Son muchos los casos de los matrimonios en los que ambos trabajan y no tienen con quién dejar a los niños. Por eso, en numerosas ocasiones, el motivo de la escolarización de los niños no es otro que el del “aparcamiento” de éstos durante la jornada laboral de los padres, o como se viene denominando hasta hoy, por motivos asistenciales.

En estos casos las expectativas vertidas sobre la escuela consisten en la asistencia y cuidado de sus hijos, procurando sobre todo la compatibilidad de horarios de ambas instituciones y un mantenimiento básico de la salud y la higiene de los más pequeños.

No obstante, existe una gran mayoría que deposita otras ilusiones sobre la escuela, como las de conseguir un mayor desarrollo a todos los niveles en el niño. En estos casos las familias suelen tener un mayor nivel socio-económico más elevado y conocen las posibilidades que la institución escolar ofrece en todos los ámbitos, tanto afectivo como social y educativo.

Hasta ahora, parece incuestionable la influencia de la familia sobre el niño, ya que, como dice la psicóloga Virginia Satir “La familia produce elementos que determinan estados en el individuo de salud y fuerza o bien de enfermedad psíquica o emocional” o como menciona Ottaway (1973) “el niño trae consigoa sus padres, en el sentido de que sus enseñanzas están siempre presentes”.

Este es uno de los muchos motivos por los que la colaboración entre los dos principales ámbitos de socialización del niño se haceimprescindible, ya que los docentes tienen una necesidad básica de conocer cómo son los padres del niño y qué comportamientos del alumno pueden estar justificados dentro de este ámbito.

Los maestros/as han de aprovechar todas aquellas fuentes de información factibles sobre el alumno puesto que este conocimiento nos permitirá planificar y programar un proceso de enseñanza/aprendizaje más adecuado a las características individuales, y este aspecto, en la actualidad, es sin duda alguna, una de las metas prioritarias de la enseñanza a todos sus niveles.

Nunca debemos olvidar que cuando hablamos de educación no nos referimos ni a un determinado ámbito a desarrollar de la persona ni a un contexto exclusivo en el que se lleve a cabo. Al hablar de educación se hace irremediable mencionar los lugares donde se lleva a cabo, como son la sociedad, la familia y la escuela.

Cada uno de estos sectores educa al niño en sus distintas facetas y le influye. Siguiendo a Vigotsky podríamos decir que “El medio determina el desarrollo psíquico del niño a través de cómo vive el niño dicho medio”. Por eso no debemos mencionar uno dejando a un lado el resto puesto que la persona es un ser global que no puede ser fragmentado. Tanto es así que un estudio realizado por la Fundación Hogar del Empleado sobre la “Opinión de los alumnos sobre la calidad de la educación” asegura que “más de la mitad de los alumnos no universitarios consideran a la escuela y la familia los factores más influyentes en la educación”.

Es innegable que respecto a la opinión de los docentes sobre la participación de los padres en la escuela existen dos tendencias evidentes: contar con ellos o evitarlos por todos los medios. La primera postura suele estar justificada por un cúmulo de experiencias negativas al respecto, en las que el maestro se ha enfrentado a padres descontentos sin justificación, poco preparados para la participación en el aula, o excesivamente entrometidos. Si por el contrario hablamos de maestros que favorecen este contacto con las familias puede que sus vivencias hayan sido más positivas, o que, simplemente, hayan visto como ventajas aquello que los anteriores no consideraban como tal.

Lo cierto es que existe una dicotomía familia-escuela y que, como comenta Eduardo Gildemeister, los maestros perciben a los padres como “generadores de reclamos” y éstos a su vez como requisados sólo para recibir quejas de sus hijos. Por eso ya se han empezado a tomar medidas al respecto, por ejemplo, en el Ministerio de Educación provincial de Granada, donde pondrán en marcha el próximo sábado un programa para establecer unas relaciones más amplias y adecuadas entre los padres de los alumnos y los docentes que recibirá el nombre de “Un encuentro necesario para la participación y el compromiso”.

Nosotros apostamos por una participación conjunta en la que se destaque la importancia de ambos para conseguir que el niño se desenvuelva de forma autónoma en la sociedad, adquiera valores y hábitos adecuados, y se desarrolle íntegramente.

El niño es el punto de partida y llegada de todo aprendizaje y por eso debemos contar con todo lo que sea importante para él. No cabe duda que la familia, como lugar donde nace y se responden en primer lugar sus necesidades básicas, lo es. En la escuela adquiere una mayor capacidad de socialización y aprendizaje a la vez que juega y disfruta. Y en la sociedad se hace parte de un mundo más amplio que integra todas las realidades que le rodean desde el momento de su nacimiento.

Esta es la causa principal por la que, tanto familia como escuela y sociedad, deben procurar el mayor beneficio para el niño, que será alcanzado si se desarrolla en armonía con todos ellos.

Por si estos no hubieran sido motivos suficientes, a continuación presentaremos algunos de carácter pedagógico, psicológico y funcional.

A nivel pedagógico el niño aprende mejor cuando está su familia presente, ya que ésta le aporta seguridad y confianza. Los padres pueden ser una fuente de inspiración para el niño y un motivo de relajación y disfrute del momento. Además, no es muy frecuente que en los tiempos que corren la familia juegue con ellos, por lo que realizar actividades conjuntas será una gran satisfacción.

En lo referente a la psicología, la teoría del apego, concretamente del proceso de despego, se refiere a cómo es el niño el primero en alejarse de la figura de apego siempre que ésta esté presente, y cómo en esos momentos, al sentirse seguro, comienza a explorar libremente su entorno.

Por último, respecto a las ventajas que la participación de las familias tiene en la práctica, diremos que el hecho de contar con la ayuda de los padres en momentos como las excursiones, salidas o talleres supone una gran ayuda para el docente. O que poder contar con sus profesiones o algo relacionado con ellos (tienen un campo, una granja, etc) supondrán una gran ventaja respecto a aquellas aulas en las que el proceso de enseñanza-aprendizaje quede limitado a la exclusividad del maestro y el alumno.

Si optamos por esta colaboración familia-escuela para promover unas relaciones más fluidas y continuadas cuyo mayor beneficiario es el alumno, debemos establecer unos criterios básicos y unas líneas de actuación que quedarán reflejadas en los Proyectos Curriculares, donde aprecerá “la planificación de la coordinación pedagógica con las familias” (Decreto 107/92, artículo 9, punto 4).

Todos estos aspectos quedan recogidos, en el ejemplo de la etapa de infantil, en el Decreto 107/92 de 9 de Junio por el que se establecen las enseñanzas correspondientes a la Educación Infantil en Andalucía, donde se dice que “la participación de las familias en el centro y la armonización de criterios compartidos con el equipo educativo son fundamentales. Un adecuado desarrollo de las posibilidades del niño deberá contar, en este sentido, con el establecimiento de fluidos canales de comunicación y coordinación que garanticen la coherencia del proceso educativo en los distintos ámbitos-familiar y escolar-en los que transcurre la vida de niños y niñas”.

Sobre el autor:
• Elena Sánchez Fernández,
Diplomada en Magisterio, especialidad Educación Primaria, Universidad de Sevilla, España; Diploma de Idoneidad Eclesiástico (D.E.I), Comisión Episcopal; Master de informática.

Fuente:
•  www.contexto-educativo.com.ar

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