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Soluciones imaginativas para mejorar la convivencia escolar

Escrito por: Miguel Agustín Cano Guervós

“El hombre es un ser social, está abocado a vivir en Sociedad. En la etapa de Enseñanza Secundaria Obligatoria, se producen situaciones de convivencia forzada en grupos de adolescentes que, a veces, degeneran en conflicto. Ahondando en los contenidos del Eje Transversal de “ Educación para la paz “ e insistiendo en valores como el respeto, la tolerancia y los Derechos Humanos podemos reflexionar críticamente sobre la Sociedad Actual y su futuro, así como buscar soluciones para la convivencia escolar”

El hombre es, por naturaleza, un “animal social”, como decían los griegos, un ser abocado a vivir en Sociedad, por lo que es muy frecuente que se planteen disputas entre personas o grupos para alcanzar o defender determinados intereses. Ilustres etólogos como K. Lorentz (“sobre la agresión, el pretendido mal”) nos hablan de la agresividad como factor innato para establecer las relaciones de jerarquía en las poblaciones de muchos animales y para la defensa del territorio y de las crías. También la agresividad primaria animal aparece en las relaciones humanas y, bien canalizada, no tiene por qué ser peligrosa, pero lo realmente negativo es la violencia, construcción mental que sólo se da en la especie humana y que pretende la eliminación o destrucción del otro.

La etapa puberal se corresponde, como sabemos, por una serie de cambios acelerados en su cuerpo y en su mente que le dan un temperamento cambiante. Desde el punto de vista evolutivo, se producen importantes cambios psicomotores y, a nivel de aprendizaje, se da tarde o temprano el salto al período de las operaciones formales, al tiempo que se afianza el carácter. El sistema de valores que le prestaron sus mayores se tambalea en su psique, el adolescente tiene la imperiosa necesidad de formar su propia identidad, por ello la constante necesidad de reconocimiento por parte de los que le rodean y, sobre todo, de su grupo de iguales. Todas estas transformaciones se producen casi sin darse cuenta los que le rodean y por ello, el primer problema de los adolescentes es con ellos mismos: generalmente irreflexivos, pueden virar a estar horas pensativos por alguna vivencia o situación que les afecte especialmente.

Con todo lo anterior, no es difícil comprender que puedan generarse problemas de entendimiento entre los distintos grupos posibles a nivel escolar por causas étnicas, problemas de perspectiva de género, por abusos con los más pequeños o con el otro sexo, conflictos generacionales con sus mayores por su particular interpretación de unas extrañas normas que se les imponen desde fuera, etc. Los citados problemas derivarán en la desestructuración grupal y en diversas formas de violencia escolar tanto entre los jóvenes como con el profesorado y resto del personal de los Centros. No podemos evitar la natural aparición de estos problemas, pero lo que si podemos es aprovechar las “armas” educativas (que no son otras que ilusión y ganas de trabajar) que al profesorado se le brindan para controlarlos y encauzarlos bajo un prisma de oportunidad educativa.

En este sentido, una buena acción tutorial puede contribuir a mejorar la armonía en el aula y a proporcionarles estrategias personales para superar sus debates internos que tantos malentendidos y frustraciones les generan. La convivencia en el aula puede mejorar (Cota Galán, R. 2007, “Convivir en el aula”) mediante:

• Establecimiento democrático de una serie de normas, que una vez consensuadas en el grupo, serán de obligado cumplimiento.

• Realización de consejos de grupo en las tutorías u otros momentos en los que se hable abiertamente de los distintos problemas, con la presencia de un moderador adulto imparcial
sea o no docente.

• Desarrollo de técnicas progresivas de conocimiento de sí mismo y de autoestima, incluyendo técnicas de control emocional y relajación.

• Técnicas de aprendizaje o afianzamiento de habilidades sociales básicas.

• Enseñanza de valores que les resultan útiles como las incluidas en las enseñanzas transversales.

• Técnicas de resolución de conflictos por métodos pacíficos.

Las situaciones problemáticas en la vida escolar se suceden continuamente, pero, centrándonos en las que se producen entre el alumnado, podemos decir que no siempre derivan en grandes controversias, más bien tienden a resolverse espontáneamente, lo que no quiere decir que las partes implicadas estén conformes con el resultado.

Suelen resolverse de las formas:

• Los/as líderes del grupo normalmente se imponen con agresividad al resto y nadie cuestiona su autoridad frente al grupo. Se evitan malentendidos pero se crean resentimientos en los vencidos hasta que aparezcan nuevos líderes. El problema queda aplazado.

• Por conformismo de una de las partes en litigio, que renuncia a su parte del “pastel” o recurso en favor de algún líder u otros miembros protegidos para “no complicarse la vida” : Nuevamente, problema aplazado. Puede dar lugar con el tiempo a marginación de este subgrupo o a una rebelión violenta de una de las facciones.

• De una forma más sutil, ( en una adolescencia más tardía o juventud, donde no domine tanto el componente físico en las relaciones grupales), mediante una actitud arribista o manipulación del grupo por un subgrupo que arrebata el recurso a los demás con engaños o medias verdades. (Actitud del listillo) Se basan en el control de la información útil y la ignorancia del resto. A la larga dará lugar a resentimiento, frustración en la masa grupal, desconfianza en sus líderes y desestructuración grupal. Éste podría ser el retrato de las modernas Sociedades actuales, que no pueden funcionar nunca de forma óptima. Una de las constantes apuntadas en las formas más habituales de resolución de pequeños conflictos es la falta de transparencia y de justicia en los implicados, alguien siempre sale ganando, mientras otro/s son derrotados o despojados de su recurso. Según la moderna Teoría de juegos (Jimé-nez Moreno, J.M, 2004) existen juegos de “suma cero”, que son como los ejemplos que estamos viendo, juegos de “suma negativa”, en los que las dos partes implicadas pierden y juegos de “suma positiva”, en los que las dos partes en litigio pueden, pagando un precio muy bajo, salir ganando. Estos últimos constituyen formas pacíficas de resolución de conflictos en las que se funciona con procedimientos democráticos.

Algunas de las peleas más enconadas y terribles entre adolescentes suceden por detalles tan nímios como no obedecer para recoger algún objeto caído accidentalmente al suelo o no devolver determinado material, o acusaciones veladas de haber sustraído cierto material a otro alumno/a, etc.

Si se repiten situaciones parecidas y no se aclaran normalmente la tensión se acumula hasta que salta una chispa.

Las situaciones más complicadas aprovechan los ambiguos compases de espera entre clases, con importante trasiego de alumnos y profesores para hacerse notar y normalmente el brote violento no llega a más por la oportuna intervención del profesorado de guardia en ese momento o el que le toque entrar en dicha clase, pero también suceden en los pasillos de los Centros.

En general, todos los que hayamos trabajado en Eª Secundaria sabemos como acaban estas situaciones: Partes de expulsión a los alumnos/as implicadas/ os, la pertinente visita al Despacho de Dirección y la sensación de las partes de ser incomprendidos y de que se actúa injustamente con ellos, sin llegar a resolverse el problema de fondo, con lo que quedará enquistado una buena temporada hasta que vuelva a saltar la chispa.

Un Modelo alternativo de resolución de situaciones violentas en el ámbito escolar:

En los párrafos anteriores se ha reproducido aproximadamente una situación de tensión típica de las que ocurren a menudo en las aulas. Tras el correspondiente “intercambio de abrazos o empujones” entre unos adolescentes con el nivel de hormonas en sus máximos posibles, procede la intervención del profesorado. Con suerte, si el tutor está presente en el Centro, puede intervenir ofreciéndose a mediar con el consentimiento de las partes a cambio de una serie de premisas entre las que se encuentra tragarse un poco su orgullo cada uno de los alumnos y comprometerse con el mediador a buscar una solución definitiva al problema y por una vía pacífica. Si las partes en litigio,( que ya casi se extienden al grupo entero en ocasiones porque se crean bandos a favor de uno y otro alumno/a), aceptan buscar esa salida dialogada y democrática, la Dirección del Centro no tendrá mejor elección pues las soluciones expeditivas se realizan cuando no queda otro remedio, como última opción posible.

Con la intervención del tutor, se han evitado dos posibles expulsiones injustas y que se instaure a partir de ese momento un mal clima de convivencia en el grupo. En cualquier caso, el tutor puede emplazar a los alumnos y alumnas del grupo en su totalidad a una reunión o Asamblea General, por ejemplo en el Salón de Actos del Centro , en la que puedan hablar libremente y sin coacción y así puedan salir a la luz los problemas enquistados, que los hablen con libertad pero con respeto y tolerancia, escuchando a cada una de las partes. Se propone la actividad anterior como una de las posibles actividades a realizar.

Vemos, pues, que con la intervención del tutor grupo se pasa de un juego de suma cero a un juego de suma positiva donde ambos salen ganando un poco. En cualquier caso se ha producido una oportunidad educativa para arreglar los conflictos de una forma constructiva y donde, a las dos partes en litigio y por extensión a todo el grupo se les ha emplazado a una reunión en la que van a poner a prueba su conocimiento de la participación democrática. Pero, ¿Cómo preparar una Asamblea de estas características para aprovechar todo su potencial educativo?

Normalmente el mediador, en este caso se trata del tutor del grupo, divide la realización del Acto de conciliación o Asamblea ( Rodríguez Prego, 2008) en una serie de pasos:

• Preparación
• Iniciación
• Debate propiamente dicho y mediación
• Resumen y conclusiones

En este hipotético conflicto que estamos tratando sería:

En cuanto a la preparación de la reunión, los días previos, en clase, mediante la técnica de torbellino de ideas se extraen
una serie de temas de los que se relacionan sólo 3 haciendo un esfuerzo de síntesis, con el afán de centrarnos en el procedimiento es sí y no en intentar resolver todos los problemas ese mismo día. Además, se pueden hacer copias en papel del orden del día de dicha reunión para que todos los chicos y chicas de dicho Curso, (imaginemos que se trata de un 2º de la E.S.O) lo tengan presente en el momento adecuado. Es conveniente, también nombrar una Mesa o Comisión en la que estén representantes del grupo-clase así como el mediador. Así mismo, se puede llegar al acuerdo en clase de que el presidente de la mesa debe ser la Delegada de clase (esto se hace en aras de que ellos se sientan capaces de organizarse para resolver sus propios problemas) y el secretario, el subdelegado, siendo el tutor: el moderador y guía de la reunión.

La idea sería que ellos fueran capaces por sí mismos de gestionar democráticamente la Asamblea. La afirmación anterior, a ningún docente se le escapa que conlleva enormes dificultades por su falta de hábito de centrar los temas, dirigirse correctamente y con respeto unos a otros, no elevar el tono de voz, o hacer comentarios paralelos, etc, pero lo importante es aprovechar la situación como una oportunidad educativa.

En la fase de iniciación, se llega al día de la Reunión y hay que saber jugar con los espacios para que la organización esté al servicio de los objetivos: En este sentido, conviene situar la mesa presidencial sobre la tarima, en el centro y a los lateralmente a ella dos bancos situados perpendicularmente a la dirección principal de la mesa, con el objeto de que las partes en litigio y los miembros de la mesa puedan hablar y verse cómodamente. En cada banco pueden sentarse tanto uno de los chicos que se pelearon como un corto grupo de alumnos/as de la clase que actúan a modo de consejeros o asesores. Todos los asistentes deberán respetarse entre sí y las reglas de juego democrático.

Finalmente, y como resumen, diremos que el resultado debe ser positivo y constructivo para ambas partes en conflicto, debe ser vinculante y se vigilará su cumplimiento.

Como colofón, a la clausura de la Asamblea, como símbolo de una resolución pacífica del conflicto, los contendientes se dan un apretón de manos (en estas edades son tan importantes las formas como el fondo porque ambos aspectos se ayudan mutuamente) y se consensuarán algunas normas mínimas de funcionamiento de la clase para evitar en lo posible futuros problemas. Estas reglas quedarían expuestas en un lugar visible de la clase, junto con el acta de la reunión que deben firmar los miembros de la comisión y todos los alumnos y alumnas.

En definitiva, la conclusión que podemos extraer de todo esto es que se puede ser capaz de salir de la rutina de las peleas, aprender a funcionar de forma democrática y de dar (como decía J.Lennon) “una oportunidad a la paz”.

Fuente: www.techtraining.es

Bibliografía: 
• Piaget, J, E; Inhelder, B. “De la lógica del niño a la del adolescente”. (1972) Paidós. Buenos Aires.
• Debesse, M. “Introducción a la Pedagogía” (1981). Oikos-Tau. Barcelona.
• Jiménez Moreno, J.M. Apdo. “Educación para la Paz”. (2004) L.F.
• Álvarez Hornos, T; Cota Galán, R. “Convivir en el aula”. (2007) L.Formación.
• MEC (1992). “Educación para la Paz. Materiales currriculares ESO. Serv. Public.MEC.Madrid.

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