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El Proceso de Evaluación ¿Aprendiste la lección?

Evaluar tiene por definición señalar el valor de algo. En la tarea educativa, ese “valor de algo” se refiere a los niveles de aprendizaje adquiridos por los educandos.

El proceso de evaluación ¿aprendiste la lección?.

Escrito por: Sebastián Ansaldo. .

“La tarea del educador moderno no es podar las selvas, sino regar los desiertos.”
Clive Staples Lewis. 
Evaluar tiene por definición señalar el valor de algo. En la tarea educativa, ese “valor de algo” se refiere a los niveles de aprendizaje adquiridos por los educandos. Sin embargo, la tarea de evaluar es mucho menos simple que una elemental definición. Varias veces los profesores entran en duda sobre si sus métodos evaluativos realmente miden si el alumno aprendió el contenido enseñado. Además, hay mucho en juego al momento de evaluar. Por un lado está el profesor/a, que a través de su metodología, no siempre libre de errores, pretende medir y jerarquerizar los conocimientos adquiridos por sus alumnos. Por otro lado están los alumnos, que ven las evaluaciones como instancias solemnes en donde se encuentra en juego toda su inteligencia y aptitudes, y no sólo su nivel de aprendizaje. Si los educandos son niños, entran en el proceso los apoderados, que proyectan los resultados de la evaluación a la calidad o exigencia de la educación a la que están expuestos sus hijos.

En primer lugar hay que saber que entre evaluar y calificar hay un amplio trecho de diferencias. La evaluación conlleva un aspecto formativo integral, cuyo fin último es mejorar los resultados del aprendizaje. Tiene por lo tanto, un carácter cualitativo, pues se aboca a mejorar la calidad de la educación. Otro punto relevante es que la evaluación es un proceso continuo. No esta separado, ni es posterior al aprendizaje. Se evalúa mientras se va produciendo el aprendizaje.

En cambio, la calificación es una parte de la evaluación que pretende transfomar y traducir la evaluación en una medición cuantitativa y jerarquerizable de sus resultados. Es, además, una instancia transitoria en que, usando un código determinado y estandarizado, se clasifica el rendimiento de los alumnos después de la exposición de los contenidos.

Debido a esto, el método evaluativo no debe estar supeditado exclusivamente a herramientas calificativas. Debe ser una instancia constante de análisis y reflexión, tomando en cuenta los objetivos generales y específicos de aprendizaje. Es necesario que contenga en su base el carácter dialogante y bilateral que tome en cuenta subjetividades propias y circunstancias especiales, en vez de la simple estandarización de carácter autoritario y vertical en que algunas veces se transforman las calificaciones basadas en pruebas. El profesor debe meditar sobre si sus métodos de evaluación reflejan un proceso de aprendizaje completo e integral, dando cuenta de una asimilación comprensiva y global, o si sólo son instrumentos de memorización pasajera.

El docente no puede olvidar que la evaluación no sólo pasa por evaluar a los alumnos. La evaluación tiene que revertirse hacia si misma (Metaevaluación), para saber si efectivamente mide lo que hay que medir. Es más, hay veces que la evaluación debe centrarse en lo que no siempre es medible, es decir en aspectos individuales psicológicos y metacognitivos. Por esto la evaluación tiene que buscar fórmulas propias y abiertas, que estén acordes con las ideas democratizantes que hoy en día vive la sociedad. Un buen ejemplo es la autoevaluación. A veces subestimada debido a la desconfianza que el profesorado tiene en sus alumnos, es una herramienta que pone el énfasis en el propio alumno y en su determinada visión del aprendizaje. Incorpora un importante empoderamiento para el alumno, que se siente emplazado para demostrar su honestidad y expresión propias. De esta manera, la calificación deja de ser un elemento externo a él, que se impone de manera autoritaria y que más encima lo categoriza dentro de un “ranking” en que hay unos “mejores” y otros “peores” influyendo directamente en su autoestima y en una incitación a la competencia. Pasa a transformarse en un signo de confianza y en un catalizador para la conciencia propia de los contenidos y del aprendizaje. Sin perjuicio de todo esto, hay veces en que la experiencia evaluativa basada en la calificación de estilo formal, sí da buenos indicios y resultados del aprendizaje de los alumnos, sin embargo es menester que los docentes comprendan que nunca debe ser la ÚNICA forma de evaluar.

Sobre el autor:
• Sebastián Ansaldo,
Periodista de la Universidad Diego Portales y colaborador de Educrea.

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