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Intervención educativa en niños con trastorno por déficit de atención presentes en el aula

Escrito por: Tatiana Bautista González. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. México

“El artículo es una revisión documental de las estrategias que el docente debe utilizar para el manejo del déficit atencional en el aula”

La educación es el elemento central en la vida de todo ser humano que pertenece a una sociedad, ya que es a través de este proceso que las personas podrán convivir en armonía con sus semejantes.

La educación vista desde lo que señala el Artículo Tercero en la Constitución Política Mexicana (2009), establece que ésta deberá “desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano (…) Contribuirá a la mejor convivencia humana (…) sustentar los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres, evitando los privilegios de razas, de religión, de grupos, de sexos o de individuos”. Con esto se entiende que la educación que se imparta deberá ser igual para todos y evitará los privilegios y la discriminación.

Sin embargo, en ocasiones por falta de formación profesional y de información se llega a marginar a algunos alumnos al catalogarlos como inquietos, rebeldes o latosos. La mayoría de las veces esto ocurre porque se desconoce que se encuentran en una situación en la que existe un problema conductual y de aprendizaje, que va más allá del control y deseo del mismo alumno. Tal es el caso de los estudiantes que presentan Trastorno por Déficit de Atención (TDA). Estos niños muestran algunas características particulares que, en muchas de las ocasiones, ponen en juego su estabilidad dentro del aula, la de sus compañeros e incluso la del docente.

El desconocimiento o falta de información de los docentes frente a problemas como éste origina que se sientan desesperados o con pocos elementos para poder actuar de forma correcta. Por ello, es importante que conozcan las características particulares de los alumnos y que cuenten con los elementos teóricos y metodológicos necesarios para que tengan una oportuna y apropiada intervención. Esto a su vez, permitirá lograr una buena labor docente y brindar una educación adecuada y de calidad que satisfaga las necesidades básicas educativas del alumno y del contexto en el que se encuentra inmerso.

Estado de la cuestión

Trastorno por Déficit de Atención

De acuerdo con Pérez (2006), presidenta de la ANDAHTA1 en una conferencia realizada explicó que hasta el 2006 había cinco millones de niños con Déficit de Atención e Hiperactividad. Igualmente manifestó que los especialistas en México estaban mal distribuidos geográficamente, y que por esta razón muchos de los padres con hijos que presentan este trastorno, se sentían frustrados y con desesperación pues no había una respuesta a sus necesidades. De igual forma mencionó que un niño de cada aula, ya sea en el sector público o privado, de primero de primaria a tercero de secundaria era expulsado cada día por razones de las que el alumno no era responsable, y que además por lo menos el noventa por ciento de estos alumnos no tenían un diagnóstico.

Así mismo afirmó que en el país no existía una asociación destinada a trabajar este tipo de problemáticas y a vincular a los padres en el trabajo sobre esta temática. Por ello AMDAHTA, había sido creada, para que las familias tuvieran las mismas posibilidades que las de otros países como los Estados Unidos de América.

En este mismo orden de ideas, Huesca (2006), manifiesta que en México hasta este año, había un mal diagnóstico del trastorno por déficit de atención. Además señala que en el 2005 la fracción de PVEM2 había presentado una propuesta a la Secretaría de Educación Pública para establecer en los diferentes niveles de enseñanza básica programas y acciones para orientar y canalizar a niños con el trastorno. Incluyó que la proposición contenía la creación de una norma que contemplara las previsiones necesarias para trabajar de manera conjunta con el personal docente de los centro educativos para que tuvieran oportunidad de identificar los comportamientos de estos niños, con la finalidad de orientar a los padres para que acudieran en caso necesario a instituciones del sector salud, en los cuales les pudieran ayudar, sin embargo la propuesta fue desechada.

Por su parte, en el artículo publicado en la revista México Sano (2009), se hizo referencia a que en la actualidad los niños que forman parte de una familia en donde ambos padres trabajan y tienen actividades tan aceleradas que les generan estrés, el cual transmiten a los niños y niñas que si son susceptibles por alteraciones biológicas pueden provocar déficit de atención, lo que a su vez trae consigo alteraciones en la conducta que al mismo tiempo será factor para provocar un desequilibrio en su entorno familia y escolar.

Hasta este punto y de acuerdo a lo mencionado, se observa como el TDA, es un problema que no ha sido atendido de manera adecuada, y que en la educación es un factor importante pues trasciende en la vida escolar de los alumnos que lo presentan.

Intervención educativa

La intervención educativa es un concepto que se ha ido construyendo de acuerdo a las situaciones educativas presentadas.

Para Bazdresch (1997), la intervención educativa es el conjunto de estrategias de implementación de propuestas con origen en la investigación educativa y pedagógica que tiene como propósito contribuir a aspectos tales como la enseñanza y el aprendizaje. Además, a partir de lo que es la investigación educativa pretende abrir líneas de reflexión respecto a problemas educativos referentes a cómo se enseña, cómo se aprende, cómo y cuándo se educa, y qué sucede dentro del aula; para así hacer cambios por parte del maestro en su práctica y como consecuencia mejorar la calidad de la educación. En este mismo sentido Rangel (2005), considera que la intervención es una estrategia puesta en acción que pretende la mejorara a través de un cambio en un contexto determinado. Desde la psicopedagogía se ve como una forma de colaborar en el desarrollo infantil mejorando la zona próxima de desarrollo.

Por su parte Mejía y González (2006), establecen que la intervención educativa debe responder a tres preguntas básicas: ¿qué enseñar?, ¿cómo enseñarlo? Y ¿para qué enseñarlo? Dentro del qué enseñar se plantea el hecho de establecer objetivos básicos que tiendan al desarrollo de conocimientos y habilidades en el niño. En relación a cómo enseñar y para qué enseñar está en el sentido de llevar a cabo la enseñanza de tal forma que se favorezca el desarrollo de los alumnos.

Es por lo anterior que se entiende a la intervención educativa como un proceso que tiene como objetivo el mejorar la situación educativa o dar respuesta a algún problema presentado tanto en la enseñanza como en el aprendizaje.

Intervención Educativa (IE) frente a Necesidades Educativas Especiales (NEE)

Si bien la intervención es una vía para la mejora de la enseñanza y el aprendizaje, en el caso de situaciones educativas especiales se puede entender como una herramienta de la que hace uso el docente para enfrentar estas dificultades.

La intervención en este contexto educativo se trata de un conjunto de acciones diseñadas para influir en el desarrollo y aprendizaje de los niños y las niñas. De igual forma se requiere un análisis de qué y cómo es necesario enseñar. (Dockrell y McShane, 1992). De acuerdo a Hanko (1993), existen dos formas de atención o tratamiento frente a las NEE de los alumnos en el aula, uno es el conductista y el otro desde una óptica psicodinámica. El primero hace referencia al interés por comprender las necesidades que la conducta pueda expresar. En este sentido el poner atención de manera a la conducta de una forma superficial puede llevar a un fracaso ya que únicamente se estaría atendiendo la forma pero no el fondo. El segundo tratamiento sostiene la importancia de entender las experiencias tempranas que el alumno tiene pues éstas influyen en las nuevas. Así el docente es considerado como la persona que interviene con tres tareas esenciales: generar información válida, mantener la autonomía del alumno en el conocimiento y decisiones respecto a la intervención, y el permitir un alto grado de compromiso por parte del educando.

Los alumnos que tienen alguna necesidad educativa especial pueden considerarse como parte de la diversidad que se presenta dentro de las escuelas y aulas. Viera (2000), piensa que la intervención educativa debe planificarse con clara intencionalidad de detectar y compensar las características de cada uno de los niños y niñas, con el objetivo de conseguir su óptimo desarrollo. Por ello el proceso de enseñanza y aprendizaje ha de organizarse a través de actividades periódicas y actividades de tiempo determinado.

En otro sentido, Giné (2000), menciona que para hacer frente a este tipo de escenarios, una de las vías es el hacer cambios en lo curricular, y que en este sentido el reto reside en tratar educativamente y hacer formativas las diferencias; y que se debe enfocar la diversidad como un elemento común en donde los criterios afectarán a todos y cada uno de los alumnos y alumnas y no sólo a aquellos que tengan problemas de ritmo, capacidades o estilos de aprendizaje. Para cumplir con tal desafío es importante tomar en cuenta qué se tiene que enseñar, cuándo, cómo, qué evaluar, de qué forma y en qué momento.

Por su parte Sánchez y Carrión (2002), consideran que la escuela como espacio para intervenir, debe ofrecer respuestas a las necesidades educativas especiales, y por tanto debe haber una renovación que se manifieste a través de cambios de tipo cualitativo que afecten a todos los componentes que forman parte de la escuela, los cuales no sólo deben reflejarse en el currículum sino también en los referentes a la organización. Además la IE entendida como labor de apoyo, puede entenderse como la programación, ejecución y seguimiento de estrategias preventivas que posibiliten y potencien la integración de los alumnos, de sus necesidades e intereses, la mejora de la calidad de la enseñanza, entre otras. Así mismo Cozar (2004), manifiesta que cosiste una forma en la que se puede hacer frente a múltiples situaciones que de alguna forma dificultan el proceso de educación y aprendizaje, un proceso en el que maestros y alumnos están involucrados. Así dentro de estas múltiples acciones está la identificación de cada situación en la que se puede o se va a actuar, la planeación de estrategias, objetivos y métodos a emplear de acuerdo al aspecto a intervenir.

En relación a tales puntos, Frola (2004) advierte que la escuela debe conocer las características de los alumnos y alumnas que tienen necesidades educativas especiales para así poder enseñarles de manera adecuada. Este proceso de conocerlos se hace en parte con la aplicación de una evaluación psicopedagógica, en donde además se definen los recursos y apoyos profesionales, arquitectónicos y curriculares que necesita el alumno o alumna para que pueda aprender, los cuales se ven reflejados tanto en las planeaciones como en los objetivos y métodos.

Una de las propuestas presentadas por la autora, es la adaptación del currículum. Aquí se plantea el hecho de que todos deben compartir los mismos espacios escolares y la misma educación, pero lo que se tiene que modificar son los apoyos que se les ofrezcan. Para poder llevar a cabo la propuesta curricular adaptada es necesario realizar una planeación educativa que se base en las necesidades de los alumnos y las alumnas en donde además se considere la participación de los padres y de los profesionales de la educación (Frola, 2004)

En relación a este apartado se puede establecer que se ve a la intervención educativa frente a las necesidades educativas especiales como una forma de abordar un problema desde su inicio, es decir, se debe identificar al alumno con estas necesidades y a partir de ello planear qué es lo que se va a hacer respecto a su enseñanza y aprendizaje, ver el qué y cómo hacerlo.

Intervención educativa en alumnos y alumnas con Trastorno por Déficit de Atención (TDA)

Si bien las Necesidades Educativas Especiales pueden ser diversas y variadas, y de acuerdo con ellas será el tipo de intervención, el Trastorno por Déficit de Atención será la temática tratada en el presente trabajo.

La IE es como se ha mencionado una vía para hacer frente a las necesidades educativas de los alumnos. Una de las formas a intervenir es a través de la intervención psicopedagógica, que de acuerdo con Fidalgo, Franco y Arias, (2002), pretende mejorar las posibilidades en el rendimiento académico. Conforme al trabajo realizado por estos autores se revisa que la intervención realizada tuvo tres fases. La primera referente a una evaluación inicial, la segunda en relación al proceso instruccional y la tercera respecto a la evaluación final. Las conclusiones en torno al trabajo realizado por estos autores, plantean que es importante que la intervención tenga lugar en el propio contexto del aula, que haya una participación de expertos y del docente de manera conjunta, se realice en contextos naturales y con personas relacionadas directamente con el niño. Además se menciona que las estrategias estén orientadas a compensar los déficits. Una última conclusión es que todas las áreas curriculares en las que esté inmerso el niño sirvan d soporte para una intervención y se ejecute de forma interdisciplinar.

Bautista (2002), considera que hay diferentes modelos de intervención dirigidos a la atención de las necesidades educativas especiales y que el docente puede utilizarlos para el tratamiento de éstas. Uno de éstos es el conductual, en donde lo que interesa es el análisis funcional de la conducta, el reconocer la forma, la frecuencia e intensidad de las conductas disruptivas con el fin de aplicar un programa para implementar o mantener las conductas más adaptativas. Menciona que en el ámbito escolar la conducta disruptiva del niño y sus dificultades de aprendizaje son motivo para que dentro del aula se genere una situación frustrante para el profesor y alumno, dando como resultado una situación negativa que puede generar hostilidad. Es por ello que se encuentra necesario elaborar y aplicar un programa de intervención, el cual de acuerdo a Safer y Allen (Citados por Bautista, 2002), debe dirigirse tanto a mejorar el proceso académico como a disminuir la sintomatología conductual, pero dando prioridad al primer aspecto.

También se mencionan algunas orientaciones psicopedagógicas, dentro de éstas el diseño de un ambiente de aprendizaje adecuado, el entrenamiento en relajación, las actividades de mejora en el nivel de atención-concentración y los juegos educativos.

En un trabajo realizado por Cubero (2002), se alude al importante papel que juega el docente en el trabajo con alumnos que presentan Déficit de Atención. Es así que para que el profesor ayude a potencializar el desarrollo del educando, puede trabajar en tres niveles de intervención. El primero es el nivel preventivo, en éste se pretende que el docente tenga por anticipadas las acciones que eviten, incorporen o mantengan una conducta. Como estrategia en este nivel se propone el establecimiento de contratos sociales. Respecto al actuar del maestro se sugiere que debe comportarse con firmeza y seriedad, ser congruente, justo, hacer siempre interesante la lección, entre otras. En el segundo nivel referente al apoyo, se hace mención de asegurar el comportamiento que se espera en determinado momento por parte del alumno. Particularmente se señala como elemento principal el lenguaje corporal del docente, ya que es una vía para hacerle saber al alumno que está teniendo una conducta fuera de lo convenido. Finalmente, en el tercer nivel que es el correctivo, se comenta que aún cuando en los dos niveles anteriores se hubieran previsto las condiciones en las que se pudiera dar una mala conducta, existe la posibilidad de que se presenten. Ante ello se debe aplicar una sanción, la cual debe tener en cuenta las características de alumno, lo acordado en los contratos sociales y sobre todo que ésta no vaya en contra del autoestima del niño.

En otro sentido, Beltrán y Torres (2004), ven a la intervención educativa en niños con hiperactividad como una acción que debe ser llevada a cabo tempranamente puesto que con ello se puede prevenir un curso negativo en el desarrollo de los niños y adolescentes. Así mismo, indican que el manejo de la atención para niños con Hiperactividad o con Trastorno por Déficit en la Atención, es un dilema para médicos y educadores, ya que aún no existe un acuerdo para el diagnóstico y la canalización de los niños; y que por ello los educadores continúan trabajando con concepciones erróneas que dificultan su labor. Igualmente se menciona que en un estudio realizado a distintos profesores para determina las percepciones de los mismos sobre el comportamiento de sus alumnos, los resultados mostraron que los docentes consideran que tienen cuatro principales problemas que le dificultan atender las necesidades de los alumnos de una forma personalizada. Dentro de estas dificultades se encontraron: el tiempo para la atención personalizada, la falta de capacitación para atenderlos, el número de alumnos y la severidad de los problemas.

En un trabajo más Cubero, (2007) alude a la importancia que tiene el docente para el desarrollo integral de los individuos a su cargo, y de la complejidad respecto a los alumnos con alguna problemática particular. Se menciona además, que los niños con trastorno en el aprendizaje pueden tener un tratamiento farmacológico que en gran medida posibilita la mejora de conductas o de la atención, pero que sin la aplicación adecuada de estrategias de intervención los resultados no se dirigirán al progreso en el aprendizaje.

Así mismo, Hallowell y Ratey (Citados por Cubero, 2007), manifiestan que los maestros que han tenido experiencias al tratar alumnos con Déficit de Atención consideran que no hay una solución fácil para su manejo. Por ello la efectividad de todo tipo de tratamiento para este trastorno en la escuela, depende del conocimiento y perseverancia que tenga el docente y a su vez la escuela.

Ante esto, la autora antes citada, establece que una de las áreas en las que se puede intervenir es la de apoyo académico. Señala que los niños y niñas con TDA deben alcanzar los objetivos de aprendizaje al igual que sus compañeros, haciendo uso de los mismos recursos o instrumentos académicos, pero que la relación entre sus posibilidades comportamentales y los objetivos, deben estar equilibrados, por lo que es necesario realizar modificaciones curriculares y adaptaciones en el entorno.

Notas:
1Asociación Mexicana por el Déficit de Atención, Hiperactividad y Trastornos Asociados, A.C. 2004

2Partido Verde Ecologista de México

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Fuente:
 www.conductitlan.net

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