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La evaluación en la formación profesional

“En este artículo se expone el rol que juega la evaluación en el desempeño docente actual. Se enfatiza la necesidad de evaluar el proceso para emitir juicios valorativos que permitan tomar desiciones y, así mejorar el proceso enseñanza-aprendizaje”

Escrito por: María Dolores Carballar Falcón

1. Introducción

Se puede entender la evaluación educativa como un proceso sistemático de recogida de información que implica la formulación de un
juicio de valor para la toma de decisiones orientada al perfeccionamiento del acto didáctico y a la mejora de la calidad educativa. Así podemos establecer el concepto de evaluación como un proceso continuo, sistemático y flexible que se orienta a seguir el proceso de desarrollo del alumno y a la toma de las decisiones necesarias para adecuar el diseño y desarrollo de nuestra acción educadora a las necesidades y logros detectada a los alumnos en sus procesos de aprendizaje.

De esta definición, se puede deducir que la actividad educadora contribuye de forma decisiva a la mejora de nuestra propia actividad como educadores, pues hace posible la adaptación de los procesos de
enseñanza a los de desarrollo-aprendizaje.

Pero en esta definición, también se nombran unos adjetivos que son
descriptivos de la propia evaluación: continua, sistemática y flexible. A
nivel educativo de Ciclos Formativos, la evaluación con tales características estrictas, cobra mayor importancia debido fundamentalmente a que la mayoría de los alumnos, sobre todo en los ciclos formativos de grado superior, están en activo laboralmente, por lo
que compaginar la presencia a clase de forma diaria con su trabajo, normalmente es un problema. De esta forma, se nos exige a los profesores tener en cuenta las circunstancias de cada individuo para que realmente, al alumno se le pueda evaluar de forma continua, ordenada y flexible.

Cabe recordar que en el caso de Andalucía, en el ROF de cada centro, se puede establecer la pérdida del derecho a la evaluación continua para aquellos alumnos, cuyas faltas superen el 20% de horas lectivas; en Formación Profesional, este número de faltas conlleva la pérdida del derecho a evaluaciones parciales.

2. Características principales de la evaluación continua.

Para que el proceso de evaluación se pueda denominar de evaluación
continua ha de:

· Permitir la adaptación de los programas educativos a las características psico-sociales del alumno y al contexto sociocultural en el que se desarrolla, detectar cómo es la realidad educativa (alumno, grupo-clase, centro educativo, etc) y conocer las causas que inciden o pueden incidir en el éxito o fracaso académico del alumno.

· No debe limitarse a una simple valoración de resultados, ya que debe incidir en la acción en el aula, fundamentalmente en la parte práctica de cada módulo profesional, y en los procesos educativos, favorecer la mejora y la calidad de la enseñanza y aportar vías de solución para los problemas que hoy tiene planteados la educación. Es la suma del conjunto de relaciones entre objetivos, métodos, modelo educativo, alumnos, docente, sociedad, etc.

· Reflejar la evaluación continua como un proceso en el que podemos distinguir diferentes momentos: inicio, proceso-desarrollo y fin. Además, la evaluación continua debe ser sistemática, aludiendo a la necesidad de plantear la forma de seguimiento de acuerdo a un plan previamente trazado, recogido en la programación de aula,que deberá ser llevado con rigor. El principio de flexibilidad se relaciona con la posibilidad de utilizar en el proceso evaluador, y siempre en función de los objetivos trazados y de las capacidades terminales que se pretendan alcanzar, diversidad de técnicas e instrumentos de registro.

· Ser integradora, atendiendo a la necesidad de tener en cuenta el logro de las capacidades terminales que el alumno debe adquirir en cada módulo, pero siempre debe estar relacionada con las capacidades terminales del resto de módulos que conforman el ciclo formativo.

3. Objetivos que pretendemos con la evaluación.

Los principales objetivos perseguidos con la evaluación son los siguientes:

– Conocer la situación de partida de los componentes que inciden en el
proceso.
– Facilitar la formación de un modelo de actuación adecuado al contexto, en función de los datos anteriores.
– Detectar, de modo permanente, las dificultades que surjan durante el desarrollo del modelo de actuación elegido.
– Regular el proceso de aplicación continua del modelo de actuación, propiciando y facilitando la consecución de las metas previstas.
– Conocer, estudiar y reflexionar acerca de los resultados obtenidos al final de periodo fijado para la implantación del modelo.
– Replantear el modelo de actuación, de acuerdo con la información recogida y con su valoración y, consecuentemente, potenciar los aspectos positivos y corregir los negativos.

4. ¿Qué debemos evaluar?

En el proceso de evaluación debemos:

· Evaluar no sólo al alumno si no también al contexto social que lo envuelve (variables aula, profesores, estudios anteriores, centro, entorno, familia, vida laboral…).
· Evaluar sobre todo aprendizajes significativos y funcionales transferibles a la vida real, ya que en Formación Profesional se prepara al alumno hacia una meta profesional, en la que él seguirá siendo un sujeto activo en su aprendizaje en su lugar de trabajo.
· Evaluar no sólo objetivos, contenidos y adquisición de capacidades terminales por parte de los alumnos, sino también nuestros propios recursos y metodología.
· Evaluar no sólo conceptos, sino también procedimientos y actitudes.

En definitiva, deben evaluarse los objetivos que propone el currículum
a través de la concreción y adaptación que de ellos se hace en el Proyecto Curricular y en las Programaciones; éstas, además, de ser unas herramientas imprescindibles en la labor del docente, actúan de guía para el proceso de evaluación.

5. Principales técnicas e instrumentos que pueden utilizarse para la evaluación.

Los principales y más conocidos instrumentos y técnicas para conseguir una evaluación global, amplia y continua son:

– La observación directa e indirecta, realizada de forma sistemática garantiza mayor objetividad en la evaluación, pues nos permite captar la evolución de los aprendizajes de los alumnos. Muy útil para informarnos sobre motivaciones, intereses, progresos y dificultades de los alumnos. La observación puede llevarse a efecto a través del seguimiento de actividades estructuradas en un plan de trabajo dentro o fuera del aula: trabajos de los alumnos, producciones de distinto tipo, actitudes, etc.

– Entrevistas, ya sean más o menos formales, cuestionarios ( abiertos o
cerrados), etc. Ambas técnicas son adecuadas para conocer a través de las respuestas de los alumnos sus motivaciones, intereses, opiniones, entorno sociofamimiliar, razones de su comportamiento, sus relaciones dentro del grupo, su autoimagen como estudiante, etc. Para ser utilizado con provecho exige: la definición de sus objetivos, la delimitación de la información que se piensa obtener y el registro de los datos esenciales obtenidos.

– Pruebas, controles, exámenes, etc. Son los más adecuados para comprobar rendimientos y evaluar contenidos. Hay diversos modos de pruebas: escritas, orales, colectivas, individuales. Desde otro punto de vista pueden ser: objetivas, de preguntas abiertas, exposición de un tema… Este tipo de pruebas son necesarias a lo largo de todo el proceso evaluador, y complementa tanto a la observación sistemática como el análisis de tareas.

– Análisis de tareas. Analizando dichas tareas, tanto las de casa como sobre todo las realizadas en clase, bien de forma individual o en grupo, el profesor estará realizando una verdadera evaluación formativa ya que detecta los progresos y dificultades de los alumno, observa cómo se producen los aprendizajes y estrategias que utilizan, analiza errores y ve lagunas o deficiencia en la metodología o actividades y sirve de motivación, estímulo y continuo feedback de los alumnos. Especial mención merece la entrega puntual de tareas.

– Autoevaluación del alumno. Supone una importante recogida de datos respecto a la valoración que es capaz de hacer de sí mismo. Contrastar las opiniones de los profesores con las del propio alumno puede ser educativo y orientador.

– Documentos oficiales de evaluación; expediente académico, actas de evaluación, libro de escolaridad, informe de evaluación individualizado, libro de calificaciones.

– Instrumentos de registro del profesor o equipo. Escalas de estimación (contenido de tipo procedimental y actitudinal); listas de control, diarios de clase…

Cabe indicar que no todos los instrumentos de evaluación son igualmente adecuados ni para uno u otro tipo de contenidos, ya sea conceptual, procedimental o actitudinal; ni para todos los alumnos. Únicamente se puede utilizar de forma general al evaluar, que el alumno alcance las capacidades terminales.

6. El papel que debe desempeñar el profesor en la evaluación.

Es muy importante el papel que desempeña el docente en la evaluación y por ello debe ser consciente de este hecho, puesto que a él le corresponde en gran parte la organización del aprendizaje. En su labor, la autoevaluación a través de la reflexión permanente sobre su práctica educativa adquiere gran importancia, puesto que permite identificar logros y deficiencias en sus ejecuciones profesionales, tales como:

  • Actitud y valoración de su profesión de educador.
  • Dedicación, responsabilidad y desempeño profesional en el trabajo.
  • Preparación y dominio del área.
  • Conocimiento del desarrollo psicobiológico del alumno, del contexto socio-cultural del centro docente (costumbres, valores, formas de vida, actividades sociales, culturales, económicas, etc.), de los recursos naturales de su entorno, ayudas didácticas disponibles, etc., para la selección, organización y orientación de actividades curriculares.
  • Actitud hacia el conocimiento y profundización de teorías e investigaciones educativas, teorías del aprendizaje, tendencias innovadoras en la didáctica del área y en la evaluación, y de manera indudable, en la tendencias innovadoras en el sector profesional donde estarán inmersos sus alumnos en el futuro.
  • Formas de relacionarse con los alumnos, colegas, directivosdocentes, padres de familia, etc., y su incidencia en el ambiente escolar y en el aprendizaje de los alumnos.

Bibliografía:
• Vázquez Pérez, Luis María y Cabeza Valle, Juan. “ Programaciones
didácticas en la Formación Profesional Específica”. Fundación Ecoem.
2006.
• Ley Orgánica de Educación (LOE).
• Ley de Educación de Andalucía (LEA).

Fuente:
www.eduinnova.es

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